sábado, 14 de mayo de 2011

CUENTO: EL HOMBRE Y LA TIERRA



Un día la tierra gruñó, gritó, se quejó. Sobre ella el hombre aterrado susurró: “¿dios mío que he hecho?"

El hombre corría asustado, la tierra en venganza se abría
queriendo alcanzar sus pasos.
No hay tiempo exclamó el hombre ¿qué he hecho, qué te he hecho?
Queriendo encontrar el pasado he despertado la muerte, he quemado tu manto. Queriendo ser futuro he agotado tu tiempo, he sobrepasado los recursos, he minado tu aire, he explotado tu espacio. Jugando a ser dios he hecho mío lo dado. He reformado, trastocado, cambiado, destruido y de nuevo generado. A mi antojo y voluntad, manipulando. Tú, mi proyecto de química, mi base de experimentos. Tú, mi gran juego con el que jugué a ser dios. ¿Qué he hecho? repetía.
Por más que corría sabía que ya no habría sitio donde esconderse, ni tierra donde refugiarse.
La tierra en venganza se abría, entre grandes sacudidas, agitaba el mundo, rugía, lanzaba fuego; no era ira era agonía, era la pena de una muerte anunciada.
Mientras la tierra gruñía agitada, quemaba el aire el sol haciéndolo irrespirable y el mar amenazaba con inundarlo todo, con no dejar ni un rastro, ni una huella de aquel hombre que durante tanto tiempo lo había castigado.
El hombre corría y corría asustado, tropezó y cayó. Inmóvil ya no pudo más que observar lo que era el fin y su fin.
La tierra continuaba abriéndose, tragándose todo lo que encontraba a su paso, borrando toda huella de vida. A punto de ser devorado, el hombre sólo dijo una palabra: “perdón”
Y el hombre despertó. Y en su cuarto entraban los rayos del sol por la ventana, oía cantar a los pájaros. Se asomó y observó un cielo azul despejado, limpio, hermoso, nunca antes lo había visto así.
Aquella mañana el hombre decidió romper sus juguetes de niño mayor y empezó a adorar lo que tenía bajo y sobre sus pies. Reunió al mundo e hizo escuchar su voz.
La gente se concienció y desde ese día la tierra dejó de ser posesión del hombre y pasó a ser libre.
Aquel día el mundo firmó un acuerdo en el que se rompían definitivamente las cadenas de esclavitud de la tierra. Los humanos se comprometieron a ser ellos siervos, a trabajar para y con ella y no en su contra.
El mundo se convirtió en un buen sitio para vivir.

FIN
Moraleja: aplícate el cuento.

 




 
 
 

 
 

viernes, 13 de mayo de 2011

COGIENDO LAS RIENDAS


Puedo ser:
como hoja que mueve el viento
ante la duda,
volcán ante la ira
o huracán ante el miedo.
Pero no seré:
sombra de un camino
reflejo o piedra,
ni mar en calma
ante la tormenta.
Puedo ser:
prisa o precipitada,
lluvia intempestiva
trueno o cielo
despejado.
Pero no seré:
huella en la arena
borrada.
Duna en el desierto
oasis o reflejo.
No seré:
todo lo que no quiero.
Seré más bien:
respuesta que pregunta
actos que consecuencias,
pasos más que camino,
hechos más que palabra.
Seré o no seré
como quiera,
pero seré rienda,
de las ruedas del carro
que forja mi destino.

 

miércoles, 11 de mayo de 2011

ALAS MOJADAS



Dime donde moras
hada desterrada,
que noto si lloras
seca la mirada,
y una escarcha fría
puebla mi ventana.
Dime si estás triste,
desilusionada,
si rotos los sueños
niegas la mañana.
Dime donde guardas
hada acorazada,
las promesas rotas
la sonrisa esclava,
de un gemir callado
la muerte anunciada,
un amor que parte
tus alas mojadas.
Dime donde huyes
hada desterrada,
que noto si partes
lejos mi morada,
y un camino oscuro
aleja mi alma,
se va de mi cuerpo
hada desahuciada.


DUEÑA DE NADA



Siempre dueña de mi misma
de las lágrimas lloradas,
sin nada dueña de tanto,
tanto, me creí salvada.

Que poco lo que tenía
pronto me quedé sin nada,
me quedé sin noches, días,
y sin lucha en la batalla.

Sin razón para mi causa
por mi misma derrotada,
desterrada o sin corona
sin poder y ya sin ganas.

Viviendo la vida al paso
al paso que ella nos marca.
Yo por ser dueña de tanto,
yo por ser dueña de nada.